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Vera, Tornillo y el tic misterioso

Vera, Tornillo y el tic misterioso

Aquella mañana, El Tornillo Feliz hacía un ruido que no estaba en ninguno de los cajones: tic... tic... tic.... Vera dejó el lápiz sobre su banco de trabajo y ladeó la cabeza. Tornillo encendió sus ojos turquesa, giró sobre sus ruedas y proyectó en la pared un enorme signo de interrogación.

El ruido venía de una caja de cartón que una vecina había dejado para reparar. Dentro había un pequeño ventilador de mesa, redondo y amarillo, que giraba despacio aunque Inés ya lo había desconectado. Vera acercó la oreja sin tocarlo. Tic... tic... tic.... —Seguro que una pieza está suelta —dijo—. Si la sujetamos muy fuerte, dejará de sonar.

Inés sonrió desde el banco grande. —Antes de sujetar nada, averigua qué hace el ruido. Yo abriré la carcasa cuando esté completamente parado. Vera asintió, aunque sus manos ya buscaban una cinta, dos pinzas de madera y una goma elástica. Tornillo emitió tres pitidos cortos y levantó ambos brazos como si dijera: «Primero mirar».

Cuando las aspas se detuvieron, Inés retiró la rejilla y dejó el ventilador seguro sobre la mesa baja. Vera examinó cada pieza sin acercar los dedos al mecanismo. No vio nada roto. Entonces colocó una pinza en la base para que no vibrara y pidió a su madre que lo encendiera de nuevo con la rejilla ya puesta.

El ventilador sopló. La pinza tembló. Tic... tic... tic.... Vera frunció la nariz. —Pues la base no era. Tornillo proyectó un círculo naranja y lo hizo saltar de un lado a otro. Vera creyó que estaba celebrando el fracaso. —¡No tiene gracia! —protestó. El robot apagó el círculo y bajó los brazos.

Vera respiró y volvió a escuchar. El tic no sonaba siempre igual: aparecía cuando el ventilador miraba hacia la ventana y desaparecía cuando Inés lo giraba hacia la pared. Vera pidió repetir la prueba. Ventana: tic, tic. Pared: silencio. Ventana: tic, tic. Tornillo encendió una flecha luminosa apuntando hacia arriba.

Sobre la mesa, justo encima del ventilador, colgaba una tira de papel de uno de los dibujos de Vera. Con el aire, la esquina bajaba y rozaba la rejilla: tic. Luego se apartaba: silencio. Vera abrió mucho los ojos. No había una pieza suelta dentro. ¡El ruido venía de fuera!

Vera se agacha y señala una tira de papel que roza la rejilla del ventilador amarillo, mientras Tornillo proyecta una flecha hacia arriba.

—Entonces el ventilador funciona —dijo Vera—, pero su viento encuentra algo que hace ruido. Despegó el dibujo y quiso cambiarlo de sitio. En la pared de corcho no quedaba espacio libre, así que miró sus pinzas, la goma elástica y una caja de varillas de cartón. —Ya sé. Podemos hacer un soporte para que los dibujos no cuelguen sobre la mesa.

Esta vez no empezó construyendo. Primero midió con Tornillo hasta dónde llegaba el aire. El robot avanzaba muy serio con una cinta de papel sujeta entre los brazos: donde la cinta se agitaba, Vera marcaba en su boceto una zona que convenía dejar despejada. Inés observó el dibujo y preguntó: —¿Y cómo sabrás si tu soporte funciona? —Si el papel se queda quieto y el ventilador puede girar sin tocar nada.

Vera unió dos varillas de cartón con las pinzas y tensó la goma entre ellas. El primer intento se inclinó hacia delante. Tornillo lo sostuvo justo antes de que cayera y proyectó un triángulo torcido. Vera soltó una risita. —Vale, esta vez sí tiene gracia. Añadió una base más ancha con dos piezas de madera ligera que Inés le dio y volvió a probar.

El dibujo quedó sujeto lejos del ventilador. Inés encendió el aparato y este giró hacia la ventana. El aire movió los rizos de Vera y los brazos de Tornillo, pero el papel permaneció en su sitio. Ni un tic. Vera levantó los puños. Tornillo hizo parpadear sus ojos y proyectó tres círculos que daban vueltas como ruedas diminutas.

La vecina volvió poco después. Vera le explicó que su ventilador no estaba averiado y le enseñó la esquina doblada del dibujo. —A veces —dijo— parece que el problema está dentro porque todavía no hemos mirado alrededor. Inés colocó de nuevo el ventilador en su caja, y Tornillo señaló muy orgulloso el soporte nuevo.

Entonces se oyó otro ruido al fondo del taller: clonc. Vera y Tornillo se quedaron inmóviles. Tornillo proyectó un signo de interrogación. Vera agarró su lápiz, sonrió y dijo: —Esta vez, primero miramos.

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