Juan llevaba toda la tarde mirando una caja pequeña llena de cables, una pila, un timbre viejo y un botón rojo que había encontrado en el cajón de herramientas de su padre. No tenía muy claro para qué servían todas aquellas piezas juntas, pero eso nunca había detenido a Juan. De hecho, normalmente era justo cuando no sabía para qué servía algo cuando empezaban sus mejores ideas. Max estaba tumbado debajo de la mesa, observándolo con un ojo abierto. Juan conectó dos cables, pulsó el botón y el timbre lanzó un sonido tan fuerte que Max salió disparado hasta el pasillo. —Perfecto —dijo Juan, satisfecho—. Funciona. Max volvió despacio, con la cabeza baja y una expresión que parecía decir que aquello no tenía nada de perfecto. La idea apareció unos segundos después. Juan llevó el timbre hasta el recibidor, escondió la caja detrás de una maceta y pasó un cable fino por debajo de la puerta de su habitación. Desde allí podría pulsar el botón y hacer sonar el timbre de casa sin que hubiera...
Saltarín y Brincón y la luz del bosque Saltarín y Brincón y la luz del bosque Saltarín y Brincón habían pasado toda la tarde ayudando al Abuelo Topo a recoger hojas secas cerca de su madriguera. Saltarín las amontonaba con tanta energía que algunas volvían a salir volando. Brincón, más paciente, las recogía de nuevo sin decir nada. Cuando el cielo empezó a oscurecer, el Abuelo Topo salió de su casa con una pequeña cesta. —Será mejor que regreséis antes de que anochezca —les dijo—. Esta noche el bosque estará especialmente oscuro. Saltarín se ajustó su bufanda verde. —¡Nos sabemos el camino de memoria! Brincón miró hacia los árboles. Las ramas parecían más altas cuando desaparecía la luz. —Sí... pero podemos ir deprisa. Los dos conejos se despidieron y comenzaron a caminar hacia casa. Al principio todo era fácil. Todavía quedaba una franja naranja entre las copas de los árboles y Saltarín reconocía cada piedra, cada raíz y cada arbusto. Pero poco a poco el bosque cambió. Lo...